viernes, 25 de mayo de 2007

entrevista a daniel F

ENTREVISTA A DANIEL F
Sunday March 18th 2007, 6:30 am
Filed under: entrevista
“Nadie puede pedirme que sea lo que no puedo ser”



Por: Francisco Ángeles

En 1983, Daniel F, Kimba Vilis y Leo Scoria formaron la mítica agrupación Leusemia, acaso la más importante banda de rock de nuestra historia y la principal animadora de la movida subterránea que en la década de los ochenta crecía en Lima. Tras una largo receso entre 1986 y 1995, la banda reaparece por todo lo alto con el disco A la mierda lo demás, y desde entonces no sólo mantiene su vigencia y sorprende con un disco siempre distinto del anterior, sino que sigue incrementando su ya inmensa legión de seguidores. A continuación presentamos la extensa conversación que sostuvimos con su fundador y líder.


LOS OCHENTA, EL MOVIMIENTO SUBTERRÁNEO

Empecemos hablando la época inicial de Leusemia. ¿Cómo surge la idea de formar la banda?
La idea de hacer una banda está en la mente de cualquier chibolo que le gusta la música y va a conciertos. Es normal que uno quiera emular a sus héroes. Pero en esa época era difícil, mucho más que ahora. No había ni instrumentos, y recién se empezaba a formar una movida. El rock, como dice el mismo Gerardo Manuel, dejó de funcionar en el Perú en el año 72. Se dejó de grabar y los grupos se desintegraron.

¿La larga etapa de dictadura militar fue la que impidió que hubiese una movida rockera entre los setenta y ochenta?
No lo sé. Yo estaba muy chibolo en esa época, pero recuerdo que creció enormemente la difusión de la salsa. Por todos lados había discos de salsa y en las radios pasaban salsa, y ya no se escuchaba rock. Y por otro lado, ya se había tejido ese cliché del rockero como alguien que se disfraza para tocar, que canta en inglés y canciones de otras personas…

Las primeras bandas peruanas de rock hacían eso …
Sí, y además se asociaba al rock con lo pituco, como que sólo era para gente de cierto estrato social…

Me gustaría que recuerdes los lugares dónde tocaban y cómo sentías la recepción de la gente en esa primera época de Leusemia entre el 83 y el 86…
Desde el 80 hasta el 83 o 84 había unos sitios donde se aglutinaban una serie de bandas. Todos hacían covers y cantaban en inglés, hacían pedazos a Led Zeppelin y a los Stones. Estaba el Tommy Club Bar en el jirón Moquegua y el Cecil Club en Guzmán Blanco. Yo ya componía, así que me juntaba con alguna gente y tocábamos mis canciones, pero nunca se concretaba nada. Y cuando formamos la banda, ensayamos duro y empezamos a tocar en ese circuito. Por lo general era los domingos, porque los sábados los usaban para otra cosa. Iba muchísima gente, paraba lleno.

¿Ustedes se plantearon desde un comienzo ser un grupo subterráneo, era parte de una ideología, o simplemente no había espacios de difusión y terminaron convertidos en subtes sin proponérselo?
En ese momento no pensábamos en eso, sólo queríamos tocar. Si alguien nos contrataba para tocar en una radio FM, íbamos sin ningún problema…

No tenían el rollo antisistema…
No. Los rollos aparecieron recién en el 85. Antes sólo éramos un grupo de rock que tocaba.

En 1985, Leusemia saca su primer disco, con el mismo nombre de la banda. ¿Es con ese disco que comienza el rollo?
No, el rollo comienza con la gente que se empieza a sumar a nosotros. Aparece Narcosis con todo un rollo punk anarquista. A nosotros nos daba risa, porque empezaron a aparecer los chibolos que querían asustar a la sociedad poniéndose púas y lo único que provocaban era risa. Pero normal, era el momento y lo veíamos como parte de la broma. Nosotros teníamos muy buena relación con Narcosis y con las demás bandas que aparecieron, Guerrilla Urbana, Autopsia, que tenían su rollo anarquista…

Ustedes eran los menos anarquistas del circuito..
No sé si los menos anarquistas, pero sí los menos punk. Nosotros nunca tuvimos un contacto con la música punk. Nuestra máximo influencia punk era Ramones, que en realidad es rock and roll, hacían música de Beach Boys con distorsión. Desde el 81, cuando Fernando Ubiergo saca el disco Canto por ti, quedé impactado con canciones como “Yo pienso en ti”. Así que mi idea era hacer música de Ubiergo con distorsión.

Pero las canciones de Ubiergo las has grabado mucho después…
Sí, pero ya las tenía desde esa época. Yo siempre quise hacer ese tipo de música, con poesía y melodía, pero con mucha distorsión…

Es extraño que digas que Leusemia no han tenido una etapa punk, porque usualmente se identifica su primera época con ese tipo de música…
Las personas que dicen que hemos tenido una época punk nunca nos han visto en los ochenta. Nuestro primer disco no es punk para nada. Compara ese disco con la maqueta de Autopsia, y verás quién es punk. Igual pasaba con Narcosis. Nosotros ni siquiera conocíamos bien el punk. Mi información musical llegaba hasta el The Wall de Pink Floyd y el último disco de Genesis.

Un fenómeno interesante es que mientras crece la movida subte, Sendero Luminoso va ganado posiciones. El movimiento subte y Sendero aparecen con un discurso contestatario y antisistema, por supuesto que con métodos y objetivos muy distintos. Sin embargo, en algún momento se les intentó vincular…
Más que como senderistas, en un principio quizá se nos veía como otro movimiento subversivo. Y es que nosotros éramos subversivos, pero no en el sentido de que pongamos bombas, sino que nuestro lenguaje estaba subvirtiendo valores establecidos. Recuerdo que en los conciertos se metía gente de Sendero y también de la policía, ambos camuflados. Los senderistas repartían octavillas, hacían proselitismo y se iban. Y la policía chequeaba los lemas en las camisetas y las pancartas subtes. A veces llamaban a mi casa y me preguntaban cosas del grupo. El circuito se vio bastante invadido de eso, pero mucho más en los noventa. En los ochenta éramos vistos sólo como unos jóvenes que querían imitar a un subversivo…

Como revoltosos más que como terroristas…
Sí, y la policía se daba cuenta de que sólo éramos unos rockeros y se hacían a un lado. Yo nunca tuve muchos problemas con eso, pero sí hubo gente que se pasó para el lado de Sendero, así como otros se volvieron de extrema derecha.

EL ROCK COMERCIAL DE LOS OCHENTA Y DE LA ACTUALIDAD

Aparte del circuito subte, en la segunda mitad de los ochenta empieza a establecerse un rock peruano “oficial”, con el apoyo de las radios y disqueras, donde estaban Río, Arena Hash, JAS y otros. ¿Cómo veías ese fenómeno de los grupos “comerciales”?
A mí me parecía saludable. Sólo que era cuestión de que los medios le dieran bola a todo tipo de propuestas musicales. No voy a pretender que le den bola sólo a los subtes. Cualquier chibolo hacía su banda y tocaba su pop imitando a Río… bacán pues, ¿no?

¿Alguna vez fuiste, aunque sea por curiosidad, a ver a Arena Hash, por ejemplo?
Jamás. Quiero mantener la salud intacta. Si iba, me salían granitos (risas)…

¿Te fastidiaba su música o también la difusión que tenían?
La industria sabe a quién darle luz verde. Tiene su filtro bien marcado y sabe quién puede pasar. Puede pasar Zen y hasta Mar de Copas, pero no MASACRE ni Leusemia…

¿Crees que eso se debe a que existe un tipo de música más pegajosa que otra, o es más un problema de imagen?
Es imagen, porque en música podemos tener hasta coincidencias. De repente a Pedro Suárez se le ocurre hacer un hardcore, igualito va a salir en radio. Aunque hable contra el presidente o contra la iglesia, igual va a ser un éxito radial. El problema es que la imagen que proyectan bandas como MASACRE o Leusemia es deplorable… mal vestidos, feos…

Bueno, pero tú tienes una imagen de rockero antisistema, marginal, y eso también puede ser muy vendedor, ¿no te parece?
Para cierta gente sí, pero no para MTV , el Grammy o los auspiciadores. Pero yo estoy contento así, no me quejo…

Y además has aparecido mucho en medios, incluso en los que podríamos llamar “establecidos”…
Sí, pero eso no quiere decir que los medios se hayan rendido a este tipo de imagen. Si a un auspiciador le das a elegir entre Zen y Leusemia, aunque nosotros vendamos más discos y llevemos más gente a los conciertos, ellos al toque se quedarán con Zen…

¿Sólo porque el pata que canta en Zen tiene mejor pinta que tú?
Sí, pero también por lo que se proyecta. O sea, con Zen proyectas un buen muchacho, alguien que respeta a la sociedad, a la iglesia, un tipo que no se mete con nadie, que no entra en líos.

Tú siempre has dicho que eres muy tranquilo, que tampoco entras en líos…
Sí, pero nadie me cree. La gente cree que soy un delincuente o un drogadicto. Que se queden con esa idea, no me afecta para nada. Cada artista sabe a dónde apunta, yo no apunto a ser bendecido por el Papa, sino a ser bendecido por mi sobrino y mis hermanos, y a que la gente me respete, que diga “este huevón nunca se vendió”.

¿Alguna vez has aceptado aparecer en un medio que no sea de tu agrado, sólo por figuración?
No, porque siempre filtro. Me han llamado de programas de televisión que no conozco, entonces los veo y no me gustan y no voy. Siempre llaman de programas concurso, como Lima Limón, pero eso no es para mí. Yo no soy un tipo que hable bien, siempre digo lisuras, así que prefiero no estar ahí.

¿Te sigues considerando un subterráneo?
Sí, claro.

¿Qué te define como subterráneo?
El circuito por donde nos movemos, nuestra posición frente a la industria, a un sistema musical castrante y alienante que pretende que la música sea sólo de un color determinado. Es también una posición frente al monopolio de las radios…

Pero Leusemia ha tenido espacio en algunas radios…
Nunca.

Yo los he escuchado varias veces en radio…
Pueden haber puesto algunas canciones, pero nunca han estado programadas, nunca en la rotación de poner una canción cada 45 minutos por una semana y ver qué pasa. Si ha sonado ha sido en algún programa especializado, que no pertenece al estamento que te ofrece un canal o una radio…

Preguntaba lo de subterráneo porque hay gente que dice “Daniel F ya fue”. Creen que has cambiado mucho de línea y estás más concesivo…
Será gente que me conoce desde chiquito pues, gente con mucha autoridad para decir eso…

Pero no me refiero a ti como persona, sino a tu música. Por ejemplo, “El asesino de la ilusión” (1995) es una canción política en una época en que lo de Fujimori estaba todavía más o menos tibio, no salía a la luz todo lo que saltó después. Y en el 98, cuando sale Moxon, y en el 2000, con Al final de la calle, cuando había mucho más que decir contra Fujimori ustedes estaban haciendo progresivo y canciones de amor. ¿No sientes eso como una contradicción con tu espíritu contestatario de los años anteriores?
No, para nada. El espíritu está ahí, el hecho de que no tenga el talento para hacer canciones suficientemente combativas no es culpa mía. Sería fácil decir “dictador conchetumadre” o “Bush conchetumadre” y repetir conchetumadre mil veces, pero para mí eso no es ni música ni poesía. Si voy a ser combativo tengo que ser lo suficientemente poético, como Víctor Jara o Atahualpa Yupanqui, tener melodía y armonía. Pero ese talento yo no lo tengo. Nadie me puede pedir que sea lo que no puedo ser. Yo hago mis cosas con honestidad y con todo el cariño del mundo, no me pueden pedir más. Lo que sí puedo aceptar es que mi música ha cambiado porque mi estabilidad emocional ha cambiado. Antes era un depresivo, un suicida en potencia. Ya no tengo la carga emocional negativa de antes. Sería falso escribir sobre depresiones. Ahora estoy contento pues, ¿qué quieren que haga?

Alguna vez dijiste que era muy diferente ser subterráneo aquí que serlo en Europa o Estados Unidos…
Nada que ver pues, son realidades muy distintas. Aquí una revista underground se hace con fotocopia y a mano, allá Rolling Stone es underground y sale a nivel mundial. Pero sigue con la misma ideología de los sesenta o setenta…

¿Por qué las bandas subterráneas de aquí no han podido alcanzar un nivel de reconocimiento internacional como, por ejemplo, sí lo hicieron ANIMAL o Ataque77?
Porque aquí no existe una industria que pueda sustentar a las bandas y lanzarlas a nivel latinoamericano o mundial. Argentina es un millón de veces más fuerte…

¿Nunca pensaste ir por allá para internacionalizarte?
Yo no, pero sí se lo he propuesto a bandas más jóvenes como D’mente Común o Ni Voz Ni Voto. En México ellos la recontraromperían, son de alta calidad…

¿Y qué opinas de una banda como Libido? ¿Te gusta?
No, para nada.

¿Y por qué has tocado con ellos?
Yo toco con cualquiera. He tocado hasta con la Camagüey.

¿Te hubiese gustado ganar una de esas lenguas de MTV que ellos se llevaron?
No, para nada. Eso no está en los planes.

¿Qué opinas de Zen o TK, que también estuvieron nominados?
MTV premia los videos, así que si tu meta es aparecer ahí, haz tu video lo mejor posible, y espera que lo fans manden sus mails. Aquí mucha gente tiene acceso a internet, y hay una cantidad de cabinas públicas muy superior a la de otros países. Por eso consiguieron las nominaciones. Toda la gente votaba por ellos en internet.

Y en el Perú esas cosas se toman como una especie de desafío nacional, como ahora eso de votar por Machu Picchu…
Sí, pero sea como sea a mí me alegra mucho que esas bandas consiguieran nominaciones.

¿Pero te parece positivo que esas bandas aparezcan como la imagen del rock peruano?
Esa vaina no me importa. A mí me importa la alegría de la gente de TK. Yo los conozco y sé que eso les alegra mucho, así que paja. Es como el Grammy, que es un premio que no entiendo, hasta ahora no sé qué cosa se premia, pero cuando Gianmarco ganó uno yo hice una fiesta en mi casa y celebré ese premio. Para mí es una cuestión de esfuerzo. Yo sé que Gianmarco se ha esforzado como mierda, y si puede recibir premios por eso, me parece paja…

Alguna vez dijiste que te habías dado cuenta de que el rock es finalmente un gran negocio, incluso en sus fórmulas más rebeldes. Sex Pistols, por mucho rollo contestatario que tuviese, ganaba millones y salía en todo lados. Es decir, estaba muy dentro del sistema. A ti que te gusta la trova, ¿qué opinas de que Silvio Rodríguez, que estuvo aquí hace poco, fuese anunciado en grandes avisos publicitarios y haya tocado en el Jockey Plaza, que es como un estandarte peruano de lo que él dice combatir?
Yo no veo ninguna contradicción en eso que dices, tal vez porque soy músico y sé cómo funcionan las cosas. Yo no creo que Silvio Rodríguez pida tocar en el Jockey Plaza. Incluso en Chile suspendió sus presentaciones porque las entradas estaban muy caras y era evidente que todo era un negocio, y por eso prefirió no tocar. Hay muchas cosas que suceden tras bambalinas, así que hay que ser muy cauto para dar juicios. Yo podría tocar en Jockey Plaza sin ningún problema, pero nunca tocaría en Palacio de Gobierno, y tampoco para partidos políticos, que siempre nos llaman para cerrar campañas. A ese tipo de cosas nunca hemos ido, a pesar de que pagan muy bien. Yo no veo el arte separado de la política, pero sí de la política partidaria. Nosotros no nos vamos a vender nunca apoyando a un partido.
LA PIRATERÍA, LA RUTINA, ROGER WATERS


¿Compras piratería?
Claro. No quiero hacer apología de esto, pero creo que todos tienen derecho a acceder a los bienes culturales, los libros, los discos, las películas… los estudiantes de las universidades estatales tienen todo el derecho de tener un libro, y si está lejos de su alcance, tienen que copiarlos.

¿Y te han invitado alguna vez a esos eventos que hace Indecopi donde una aplanadora pasa encima de los productos piratas?
Yo creo que Indecopi me invitaría, pero para pasarme la aplanadora encima a mí (risas). He visto a Raúl Romero y otros ahí saltando sobre los discos piratas, y me parece una estupidez…

¿Crees que hay una indignación real o es sólo un show?
Sí hay indignación, porque alguien está lucrando con tu talento y tu trabajo. Pero yo siempre voy al Hueco, Polvos Azules, y la policía está ahí y no pasa nada, así que yo asumo que no es delito, que es legal…

Nadie siente que comete un delito cuando compra piratería….
Está demasiado metido en nuestra sociedad. Pero si en eso sitios veo a alguien vendiendo mi disco pirata, y si ese disco va a darle un almuerzo a su hijo, que siga vendiendo. Si sirve para eso, que me pirateen todo lo que quieran.

Claro, eso con el vendedor, que es el último de la cadena, pero sí habría un problema con el que está detrás, el que los produce…
Eso, la verdad, yo no lo sé ni me interesa…

¿No te ha hecho perder plata la piratería?
Yo no siento que haya perdido plata porque la verdad no sé cómo se gana plata con los discos. A mí me pagan por hacer un disco, y después de eso no me cae un sol, venda cien discos o diez millones.

Vamos con las preguntas finales. No te voy a preguntar por qué eso de “F” porque ya todo el mundo lo sabe, pero sí me recuerda que una vez le preguntaron a Jorge González cuál era la mayor satisfacción que le habían dado Los Prisioneros y él dijo que haberse acostado con una cantidad impresionante de mujeres a las que no hubiera tenido acceso si no fuera por la banda. Ya que el hombre tampoco es muy agraciado que digamos, cabe preguntar, ¿te ha pasado lo mismo?
(Risas) No, yo no he tenido esa gran suerte. Es cierto que se acercan muchas chicas, pero yo lo percibo como admiración, que es por las canciones, no que se me estén regalando… además, yo estoy muy tranquilo…

¿Y en la décadas pasadas?
Nada, recién en los últimos años me están dando bola (risas). Ahora sí hay una conexión emocional muy fuerte con la gente, eso se percibe en los conciertos, en la calle, y eso es lo más bacán. Pero en general sigo siendo un tipo anónimo, y me alegra que sea así. No podría concebir una vida con cámaras siguiéndome a todos lados.

¿Cómo es un día normal para ti? ¿Cuál es tu rutina?
Me despierto muy temprano, a las cinco o cinco y media ya estoy levantado. Me voy al teclado a chambear y me pongo a estructurar canciones. Cuando no tengo nada que componer veo los noticieros. Soy un tipo muy casero. Sólo salgo para los conciertos.

¿Nada de discotecas o bares?
Yo nunca he hecho vida nocturna. Nunca en mi vida he ido a un quinceañero (risas).

¿Porque no te gusta o hay un rollo contra la institucionalidad de ese tipo de celebraciones?
No, porque no me gusta. No soy un tipo muy sociable, me gusta estar en mi casa.

¿A un subterráneo como tú le hubiera gustado ganar algunos millones con su música?
Por supuesto. Aunque siempre se odia más al que tiene éxito. El que está muerto de hambre y lo botan de su casa, la gente dice “¡ah, ta bien!” (risas) Yo creo que hubiéramos ganado mucho dinero si seguíamos en la línea de A la mierda lo demás, para que la gente haga su pogo, en vez de hacer música más cerebral.

La última: el lunes tocó aquí Roger Waters…
Puta madre, fue emocionante ver mil tipos con camisetas de Zeppelin, Floyd, qué paja ver esa gente. Y el concierto fue demasiado. Pink Floyd es el grupo de mi vida, con ellos tuve las más grandes emociones musicales de mi vida. De chibolo yo escuchaba Beatles, Stones, me gustaban, pero no me sacaban de cuadro como cuando escuché Pink Floyd. Nunca el rock se había tocado de esa manera, es alucinante. Qué bestia para tocar. Y el de Waters ha sido el concierto de mi vida. Yo había comprado mi entrada, pero no me la creía, pensaba que se podía cancelar o cualquier huevada. Y el día que llegaba Waters fui a esperarlo al aeropuerto, había unas cien puntas, fue alucinante. Yo no me la creía, hasta que lo vi saliendo, y me dije ahí está el huevón, esto es verdad conchesumadre (risas).


Esta entrevista apareció hoy domingo en el diario La Primera, al igual que las realizadas a Iván Thays, Gustavo Faverón y Claudio Cordero, que fueron publicadas en el mismo diario los domingos anteriores.

No hay comentarios: